
REDACCIÓN TEHUACÁN
Se habla mucho de la "esperanza" en estos días. Tantas personas piensan inmediatamente en la versión cristiana del concepto, que la entiende como virtud, pero el término es mucho más rico de lo que se pueda pensar.
PROMETEO, UNA CAJITA Y PANDORA
Prometeo
Su nombre significa "previsión", o mejor, "prospección", es el titán amigo de los mortales, a quienes entregó el fuego robándolo de los dioses. Normalmente se le representa encadenado a la roca de su castigo. Es honrado principalmente por robar el fuego de los dioses en el tallo de un hinojo y darlo a los humanos para su uso y castigado por este motivo. Como introductor del fuego e inventor del sacrificio, Prometeo es considerado el protector de la civilización humana. En Atenas Prometeo tenía un altar en la Academia de Platón, desde donde partía una carrera de antorchas celebrada en su honor por la ciudad, en la que ganaba el primero que alcanzaba la meta con la antorcha encendida.
Prometeo era un hijo de Jápeto y la oceánide Clímene. Era hermano de Atlas, Epimeteo y Menecio, a los que superaba en astucia y engaños. No tenía miedo alguno a los dioses, y ridiculizó a Zeus y su poca perspicacia. Sin embargo, Esquilo afirmaba en su Prometeo encadenado que era hijo de Gea o Temis.
Prometeo fue el creador del hombre. Cuando él y Epimeteo (‘retrospección’) empezaron a hacer criaturas para poblar la tierra por orden de Zeus, Epimeteo prefirió la cantidad e hizo muchas criaturas, dotándolas con muchos dones que les había asignado para tal fin (piel, garras, alas y aletas, entre otros). Mientras su hermano hacía esto, Prometeo trabajaba cuidadosamente una criatura a semejanza de los dioses: un humano. Sin embargo, Prometeo tardó tanto en hacer su obra maestra que, cuando terminó, Epimeteo había usado ya todos los dones que Zeus les diera.
Prometeo sintió pena de su creación, viéndola tiritar en las frías noches de invierno, y decidió robar el fuego de los dioses después de que Zeus no estuviese de acuerdo con su idea de ayudar a los humanos. Trepó el monte Olimpo y robó fuego del carro de Helios (en la mitología posterior, Apolo) o de la forja de Hefesto, llevándoselo en el tallo de un hinojo, que arde lentamente y resulta muy apropiado para este fin. De esta forma la humanidad pudo calentarse. En otras versiones (notablemente, el Protágoras de Platón), Prometeo robaba las artes de Hefesto y Atenea, llevándose también el fuego porque sin él no servían para nada, y proporcionando de esta forma al hombre los medios con los que ganarse la vida.
Para aplacar a Zeus, Prometeo dijo a los humanos que quemasen ofrendas a los dioses. Con este fin sacrificó un gran toro. Cuando los dioses olieron las ofrendas, Prometeo urdió un engaño: escondió la carne bajo una capa de huesos y tendones, cubriendo el resto de huesos con apetitosa grasa. Dejó entonces elegir a Zeus la «carne» que comerían los dioses. Zeus eligió el plato de huesos, y Prometeo se quedó con el plato de carne para sí mismo y los mortales. Para castigar a Prometeo por su hibris (y al mismo tiempo a toda la humanidad), Zeus se llevó el fuego de la tierra.
Para vengarse de Prometeo por esta segunda ofensa, Zeus ordenó a Hefesto que hiciese una mujer de arcilla llamada Pandora. Zeus le infundió vida y la envió a Prometeo, junto la caja que le había regalado Hermes como dote, y que contenía todas las desgracias (plagas, dolor, pobreza, crimen, etcétera) con las que Zeus quería castigar a la humanidad. Prometeo sospechó y no quiso tener nada que ver con Pandora, alegando que era estúpida (al carecer de previsión), por lo que ésta fue enviada a Epimeteo, quien se casó con ella a pesar de las advertencias de su hermano para que no aceptase ningún regalo de los dioses. Pandora terminaría abriendo la caja, a pesar de las indicaciones en contra de Epimeteo.
Zeus se enfureció aún más al ver cómo Prometeo se libraba de Pandora, e hizo que le llevaran al monte Cáucaso, donde fue encadenado por Hefesto con la ayuda de Bía y Cratos. Zeus envió un águila (hija de los monstruos Tifón y Equidna) para que se comiera el hígado de Prometeo. Siendo éste inmortal, su hígado volvía a crecerle cada día, y el águila volvía a comérselo cada noche. Este castigo había de durar 30.000 años, pero a los 30 años Heracles pasó por el lugar de cautiverio de Prometeo de camino al jardín de las Hespérides y le liberó disparándole una flecha al águila. Este vez no le importó a Zeus que Prometeo evitase de nuevo su castigo, al proporcionar la liberación más gloria a Heracles, que era hijo de Zeus. Prometeo fue invitado a volver al Olimpo, aunque debía llevar con él la roca a la que fue encadenado. Fue padre de Deucalión con Celeno.
La caja de Pandora
Júpiter inventa la forma más rápida de destruir el paraíso de los hombres: la mujer.
Llama a Vulcano, el habilidoso dios artesano, y le pide confeccione una imagen de bronce. Deberá parecerse al hombre, pero, en alguna cosa deberá diferenciarse, de forma que lo encante y lo conmueva, atrasándole el trabajo y trastornando su ala.
Y cada dios ofrece alguna cosa a esa criatura, que nace para desconcertar la vida de los mortales. Minerva que ya no se considera amiga de Prometeo pues éste a desafiado a sus compañeros divinos, entrega a la mujer recién creada un hermoso vestido bordado que cubre sus armoniosas formas. Después, coloca un velo sobre el rostro sereno y adorna su delicada cabeza con una guirnalda de flores de colores.
Cuando la virgen está enteramente vestida, Venus (Afrodita) le ofrece la belleza infinita y los encantos que serán fatales a los indefensos hombres. Mercurio (Hermes) le confiere el don de la lengua. Apolo le regala una suavísima voz. Y así, la bella Pandora (todos los dones) está lista para cumplir su misión. Los astros iluminan la hermosa figura que se prepara para descender a la tierra.
Pero antes de enviarla a los hombres, Júpiter le entrega una caja cubierta con una tapa. En ella están todos los males y miserias destinados a asolar a los mortales: reumatismo, gota, dolores para debilitar el cuerpo humano y envidia, despecho, venganza, para despertarles el alma antes pura y solidaria.
Cuando Pandora llega a este mundo, encuentra a Epimeteo (“el que reflexiona tarde”). En cuanto la ve, éste se encanta con ella y, conmovido recibe de sus finas manos la peligrosa caja que ella le ofrece. Es un presente de Júpiter, declara Pandora. Epimeteo no sospecha ni por un instante que todo el sufrimiento humano emergerá de allí.
Todavía desorientado por el deslumbramiento que le ha producido la bella figura, olvida el juramento hecho a su hermano, Prometeo, de jamás aceptar presente alguno de Júpiter. Sin embargo en el fondo del recipiente maldito permanece un tesoro. Un sentimiento precioso que podría arruinar la venganza de los dioses y destruir definitivamente cualquier plaga: La Esperanza. Júpiter no quiere que los hombres esperen más nada. A un gesto del dios, Pandora cierra la tapa, dejando La Esperanza en el fondo de la caja, escondida para siempre. Y el hombre pierde su paraiso.
VAMOS A VER SI LOS SALVADOREÑOS SUPERAMOS EL MIEDO, PARA IR A RECUPERAR LA CAJITA QUE CONTIENE EL GRAN TESORO:
LA ESPERANZA
!!!LOS DIOSES NO NOS PUEDEN ENGAÑAR ETERNAMENTE!!!


2 comentarios:
Excelente Metáfora, sobre todo porque a mi siempre me ha fasciando la mitología griega
saludes
Ayer veía una película con un amigo y al final hizo un comentario que me llamó la atención. "Hoy todas las películas terminan sin esperanza" y analizábamos que esas películas reflejan la triste realidad que se vive hoy.
Esa realidad plagada de intrigas que encontramos en la relaciones entre los dióses y semidióses griegos continúan repitiéndose entre los ombre de todos los tiempos. Realidad que nos cierra a la esperanza y nos sumerge en el miedo.
Pero nosotros somos capaces de superar el miedo y abrirnos a la esperanza. Nosotros podemos cambiar la tendencia de nuestra historia. Nosotros odemos crear un mundo nuevo, porque un mundo mejor es posible y en nuestras manos está el poder crearlo.
No podemos darnos por vencidos, debemos continuar luchando para queel bien venza el mal.
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