
Alejandro CUBÍAS
Suelta las amarras, quita el ancla, rema con fuerza… al azul profundo, a la libertad… ¡Mar adentro! Sólo para audaces, únicamente para guerreros, para los apasionados que saborean hasta la última gota de la vida.
Cada mañana, con la luz violeta de la aurora, suelta las amarras de tu velero, se libre sin las penosas ataduras del qué dirán. No escondas tu originalidad, se tú mismo… el grumete que anhela dejar el puerto podrido, para aventurarse con la ilusión del conquistador…
Quita el ancla que te paraliza, arranca tus niñerías y caprichos que te atan a ese mundo superficial. ¿No ves que eres una veleta que naufraga en el fango y el viento arrastra a su antojo?
¡Rema! ¡Rema! El mar no se alcanza sin trabajo. Las olas desprecian a los guiñapos, a los niñitos que gritan por el agua fría y les asusta la sal que sazona. Rema, suda… deja atrás el espejismo del festival del muelle y lánzate mar adentro… como los grandes, los inmortales, los que dejaron su nombre y sus huellas en la historia.
¡Mar adentro! Con las velas henchidas de un espíritu crítico que no se rinde servil al consumismo burgués, a la moda pasajera y al vicio disfrazado. Con la brújula de la fe para no perder el rumbo y encallar en las hediondas ciénagas de los cobardes que corren cuando se exige sacrificio.
No basta ser bueno… los tiempos difíciles reclaman héroes, mártires; jóvenes perseverantes, dispuestos a superarse siempre, sin temor a las heridas… capaces de dejar el mullido fogón para arrojarse… mar adentro.
Cada mañana, con la luz violeta de la aurora, suelta las amarras de tu velero, se libre sin las penosas ataduras del qué dirán. No escondas tu originalidad, se tú mismo… el grumete que anhela dejar el puerto podrido, para aventurarse con la ilusión del conquistador…
Quita el ancla que te paraliza, arranca tus niñerías y caprichos que te atan a ese mundo superficial. ¿No ves que eres una veleta que naufraga en el fango y el viento arrastra a su antojo?
¡Rema! ¡Rema! El mar no se alcanza sin trabajo. Las olas desprecian a los guiñapos, a los niñitos que gritan por el agua fría y les asusta la sal que sazona. Rema, suda… deja atrás el espejismo del festival del muelle y lánzate mar adentro… como los grandes, los inmortales, los que dejaron su nombre y sus huellas en la historia.
¡Mar adentro! Con las velas henchidas de un espíritu crítico que no se rinde servil al consumismo burgués, a la moda pasajera y al vicio disfrazado. Con la brújula de la fe para no perder el rumbo y encallar en las hediondas ciénagas de los cobardes que corren cuando se exige sacrificio.
No basta ser bueno… los tiempos difíciles reclaman héroes, mártires; jóvenes perseverantes, dispuestos a superarse siempre, sin temor a las heridas… capaces de dejar el mullido fogón para arrojarse… mar adentro.















