viernes 27 de marzo de 2009
"La esperanza venció al miedo". Sí, pero ¿cuál esperanza?
viernes 20 de marzo de 2009
La dimensión política de la fe desde la opción por los pobres.Una experiencia eclesial en El Salvador, Centroamérica
Tema
Experiencia y reflexión que, de acuerdo con la amable sugerencia de la Universidad, tengo el honor de situar en el ciclo de conferencias que aquí se desarrolla sobre el sugestivo tema de la dimensión política de la fe cristiana. Desde luego, no pretendo decir, ni Vds, pueden esperar de mi, la palabra de un técnico en materia de política, ni tampoco la especulación con que un experto en teología relacionaría teóricamente la fe y la política.
Sencillamente voy a hablarles más bien como pastor, que, juntamente con su pueblo, ha ido aprendiendo la hermosa y dura verdad de que la fe cristiana no nos separa del mundo, sino que nos sumerge en él, de que la Iglesia no es un reducto separado de la ciudad, sino seguidora de aquel Jesús que vivió, trabajó, luchó y murió en medio de la ciudad, en la "polis".
En este sentido quisiera hablar sobre la dimensión política de la fe cristiana; en el sentido preciso de las repercusiones de la fe para el mundo y también de las repercusiones que la inserción en el mundo tiene para la fe.
Una Iglesia al servicio del mundo
Debemos estar claros desde el principio de que la fe cristiana y la actuación de la Iglesia siempre han tenido repercusiones socio-políticas. Por acción o por omisión, por la connivencia con uno u otro grupo social los cristianos siempre han influido en la configuración socio-política del mundo en que viven. El problema es cómo debe ser el influjo en el mundo socio-político para que ese influjo sea verdaderamente según la fe.
Como primera idea, aunque todavía muy general, quiero avanzar la intuición del Concilio Vaticano II que está a la base de todo el movimiento eclesial en la actualidad. La esencia de la Iglesia está en su misión de servicio al mundo, en su misión de salvarlo en totalidad, y de salvarlo en la historia, aquí y ahora. La Iglesia está para solidarizarse con las esperanzas y gozos, con las angustias y tristezas de los hombres. La Iglesia es, como Jesús. para "evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos, para buscar y salvar lo que estaba perdido" (LG 8).
El mundo de los pobres
Todos Vds. conocen estas palabras del Concilio. Varios de sus obispos y teólogos ayudaron mucho en los años sesenta para presentar de esta forma la esencia y misión de la Iglesia. Mi aporte consistirá en poner carne concreta a esas hermosas declaraciones desde la propia situación de un pequeño país latinoamericano, típico de lo que hoy se llama el Tercer Mundo. Y para decirlo de una vez y en una palabra que resume y concretiza todo, el mundo al que debe servir la Iglesia es para nosotros el mundo de los pobres.
Nuestro mundo salvadoreño no es una abstracción, no es un caso más de lo que se entiende por "mundo" en países desarrollados como el de Vds. Es un mundo que en su inmensa mayoría esta formado por hombres y mujeres pobres y oprimidos. Y de ese mundo de los pobres decimos que es la clave para comprender la fe cristiana, la actuación de la Iglesia y la dimensión política de esa fe y de esa actuación eclesial. Los pobres son los que nos dicen qué es el mundo y cuál es el servicio eclesial al mundo. Los pobres son los que nos dicen qué es la "polis", la ciudad y qué significa para la Iglesia vivir realmente en el mundo.
Permítanme que desde los pobres de mi pueblo, a quienes represento, explique entonces brevemente la situación y actuación de nuestra Iglesia en el mundo en que vivimos, y reflexionar después desde la teología, sobre la importancia que ese mundo real, cultural y sociopolítico, tiene para la propia fe de la Iglesia.
1. Actuación de la Iglesia de la arquidiócesis de San Salvador
En los últimos años nuestra Arquidiócesis ha ido tomando una dirección en su actuación pastoral que sólo se puede describir y comprender como una vuelta al mundo de los pobres y a su mundo real y concreto.
a) Encarnación en el mundo de los pobres
Como en otros lugares de América Latina después de muchos años y quizás siglos han resonado entre nosotros las palabras del Exodo:
"He oído el clamor de mi pueblo, he visto la opresión con que le oprimen" (Ex 3,9). Estas palabras de la Escritura nos han dado nuevos ojos para ver lo que siempre ha estado entre nosotros, pero tantas veces oculto, aun para la mirada de la misma Iglesia. Hemos aprendido a ver cuál es el hecho primordial de nuestro mundo y lo hemos juzgado como pastores en Medellín y Puebla. "Esa miseria, como hecho colectivo, es una injusticia que clama al cielo " (Medellín, Justicia, n. 1). Y en Puebla declaramos "como el más devastador y humillante flagelo, la situación de inhumana pobreza en que viven millones de latinoamericanos expresada por ejemplo en salarios de hambre, el desempleo y subempleo, desnutrición, mortalidad infantil, falta de vivienda adecuada, problemas de salud, inestabilidad laboral" (n. 29).
El constatar estas realidades y dejarnos impactar por ellas, lejos de apartarnos de nuestra fe, nos ha remitido al mundo de los pobres como a nuestro verdadero lugar, nos ha movido como primer paso fundamental a encarnarnos en el mundo de los pobres. En él hemos encontrado los rostros concretos de los pobres de que nos habla Puebla. (cfr. 31 -39). Ahí hemos encontrado a los campesinos sin tierra y sin trabajo estable, sin agua ni luz en sus pobres viviendas, sin asistencia médica cuando las madres dan a luz y sin escuelas cuando los niños empiezan a crecer. Ahí nos hemos encontrado con los obreros sin derechos laborales, despedidos de las fábricas cuando los reclaman y a merced de los fríos cálculos de la economía. Ahí nos hemos encontrado con madres y esposas de desaparecidos y presos políticos Ahí nos hemos encontrado con los habitantes de tugurios, cuya miseria supera toda imaginación y viviendo el insulto permanente de las mansiones cercanas.
En ese mundo sin rostro humano, sacramento actual del Siervo Sufriente de Yahvé, ha procurado encarnarse la Iglesia de mi Arquidiócesis. No digo esto con espíritu triunfalista, pues bien conozco lo mucho que todavía nos falta que avanzar en esa encarnación. Pero lo digo con inmenso gozo, pues hemos hecho el esfuerzo de no pasar de largo, de no dar un rodeo ante el herido en el camino sino de acercarnos a él como el buen samaritano.
Este acercamiento al mundo de los pobres es lo que entendemos a la vez como encarnación y como conversión. Los necesarios cambios al interior de la Iglesia, en la pastoral, en la educación, en la vida religiosa y sacerdotal, en los movimientos laicales, que no habíamos logrado al mirar sólo el interior de la Iglesia, lo estamos consiguiendo ahora al volvernos al mundo de los pobres.
b) El anuncio de la Buena Nueva a los pobres
Este encuentro con los pobres nos ha hecho recobrar la verdad central del evangelio con que la palabra de Dios nos urge a conversión.
La Iglesia tiene una buena nueva que anunciar a los pobres. Aquellos que secularmente han escuchado malas noticias y han vivido peores realidades, están escuchando ahora a través de la Iglesia la palabra de Jesús: "El reino de Dios se acerca", "dichosos ustedes los pobres porque de ustedes es el reino de Dios". Y desde allí tiene también una Buena Nueva que anunciar a los ricos, que se conviertan al pobre para compartir con él los Bienes del Reino. Para quien conozca nuestro continente latinoamericano será muy claro que no hay ingenuidad en estas palabras ni menos aún opio adormecedor. Lo que hay en estas palabras es la coincidencia del anhelo de liberación de nuestro continente y la oferta del amor de Dios a los pobres. Es la esperanza que ofrece la Iglesia y que coincide con la esperanza a veces adormecida y tantas veces manipulada y frustrada, de los pobres del continente.
Es una verdad en nuestro pueblo que los pobres vean hoy en la Iglesia una fuente de esperanza y un apoyo a su noble lucha de liberación. La esperanza que fomenta la Iglesia no es ingenua ni pasiva. Es más bien un llamado desde la palabra de Dios a la propia responsabilidad de las mayorías pobres, a su concientización, a su organización en un país en que, unas veces con más intensidad que otras, está legal o prácticamente prohibida. Y es un respaldo, a veces también crítico, a sus justas causas y reivindicaciones.
La esperanza que predicamos a los pobres es para devolverles su dignidad y para animarles a que ellos mismos sean autores do su propio destino. En una palabra, la Iglesia no sólo se ha vuelto hacia el pobre sino que hace de él el destinatario privilegiado de su misión porque como dice Puebla "Dios toma su defensa y los ama (n. 1142).
c) Compromiso en la defensa de los pobres
La Iglesia no sólo se ha encarnado en el mundo de los pobres y les da una esperanza, sino que se ha comprometido firmemente en su defensa. Las mayorías pobres de nuestra país son oprimidas y reprimidas cotidianamente por las estructuras económicas y políticas de nuestro país. Entre nosotros siguen siendo verdad las terribles palabras de los profetas de Israel. Existen entre nosotros los que venden el justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; los que amontonan violencia y despojo en sus palacios; los que aplastan a los pobres; los que hacen que se acerque un reino de violencia, acostados en camas de marfil; los que juntan casa con casa y anexionan campo a campo hasta ocupar todo el sitio y quedarse solos en el país.
Estos textos de los profetas Amós e Isaías no son voces lejanas de hace muchos siglos, no son sólo textos que leemos reverentemente en la liturgia. Son realidades cotidianas, cuya crueldad e intensidad vivimos a diario. La vivimos cuando llegan a nosotros madres y esposas de capturados y desaparecidos, cuando aparecen cadáveres desfigurados en cementerios clandestinos, cuando son asesinados aquellos que luchan por la justicia y por la paz. En nuestra Arquidiócesis vivimos a diario lo que denunció vigorosamente Puebla: "Angustias por la represión sistemática o selectiva, acompañada de delación, violación de la privacidad, apremios desproporcionados, torturas, exilios. Angustias de tantas familias por la desaparición de sus seres queridos de quienes no pueden tener noticia alguna. Inseguridad total por detenciones sin órdenes judiciales. Angustias ante un ejercicio de la justicia sometida o atada"(n. 42).
En esta situación conflictiva y antagónica, en que unos pocos controlan el poder económico y político la Iglesia se ha puesto del lado de los pobres y ha asumido su defensa. No puede ser de otra manera, pues recuerda a aquel Jesús que se compadecía de las muchedumbres. Por defender al pobre ha entrado en grave conflicto con los poderosos de las oligarquías económicas y los poderes políticos y militares del estado.
d) Perseguida por servir a los pobres
Esta defensa de los pobres en un mundo seriamente conflictivo ha ocasionado algo nuevo en la historia reciente de nuestra Iglesia: la persecución. Vds. conocerán los datos más importantes. En menos de tres años más de cincuenta sacerdotes han sido atacados, amenazados y calumniados. Seis de ellos son mártires, muriendo asesinados; varios han sido torturados y otros expulsados. También las religiosas han sido objeto de persecución. La emisora del Arzobispado, instituciones educativas católicas y de inspiración cristiana ha sido constantemente atacadas, amenazadas intimidadas con bombas. Varios conventos parroquiales han sido cateados.
Si esto se ha hecho con los representantes más visibles de la Iglesia comprenderán ustedes lo que ha ocurrido al pueblo sencillo cristiano, a los campesinos, sus catequistas delegados de la palabra, a las comunidades eclesiales de base. Ahí los amenazados, capturados, torturados y asesinados se cuentan por centenares y miles. Como siempre también en la persecución ha sido el pueblo pobre cristiano el más perseguido.
Es, pues, un hecho claro que nuestra Iglesia ha sido perseguida en los tres últimos años. Pero lo más importante es observar por qué ha sido perseguida. No se ha perseguido cualquier sacerdote ni atacado a cualquier institución. Se ha perseguido y atacado aquella parte de la Iglesia que se ha puesto de lado del pueblo pobre y ha salido en su defensa. Y de nuevo encontramos aquí la clave para comprender la persecución a la Iglesia: los pobres. De nuevo son los pobres lo que nos hacen comprender lo que realmente ha ocurrido. Y por ello la Iglesia ha entendido la persecución desde los pobres. La persecución ha sido ocasionada por la defensa de los pobres y no es otra cosa que cargar con el destino de los pobres.
La verdadera persecución se ha dirigido al pueblo pobre, que es hoy el cuerpo de Cristo en la historia. Ellos son el pueblo crucificado, como Jesús, el pueblo perseguido como el Siervo de Yahvé. Ellos son los que completan en su cuerpo lo que falta a la pasión de Cristo. Y por esa razón, cuando la Iglesia se ha organizado y unificado recogiendo las esperanzas y las angustias de los pobres, ha corrido la misma suerte de Jesús y de los pobres: la persecución.
e) Esta es la dimensión política de la fe
Esta es en breves rasgos la situación y actuación de la Iglesia en El Salvador. La dimensión política de la fe no es otra cosa que la respuesta de la Iglesia a las exigencias del mundo real socio-político en que vive la Iglesia. Lo que hemos redescubierto es que esa exigencia es primaria para la fe y que la Iglesia no puede desentenderse de ella. No se trate de que la Iglesia se considere a sí misma como institución política que entra en competencia con otras instancias políticas, ni que posea unos mecanismos políticos propios; ni mucho menos se trata de que nuestra Iglesia desee un liderazgo político. Se trata de algo más profundo y evangélico; se trata de la verdadera opción por los pobres, de encarnarse en su mundo, de anunciarles una buena noticia, de darles una esperanza, de animarles a una praxis liberadora, de defender su causa y de participar en su destino. Esta opción de la Iglesia por los pobres es la que explica la dimensión política de su fe en sus raíces y rasgos más fundamentales. Porque ha optado por los pobres reales y no ficticios, porque ha optado por los realmente oprimidos y reprimidos, la Iglesia vive en el mundo de lo político y se realiza como Iglesia también a través de lo político. No puede ser de otra manera si es que, como Jesús, se dirige a los pobres...
2. Historización de la fe desde el mundo de los pobres
La actuación descrita de la Arquidiócesis ha partido claramente de la convicción de fe. La trascendencia del evangelio nos ha guiado en nuestro juicio y actuación. Desde la fe hemos juzgado de las situaciones sociales y políticas. Pero por otra parte es también verdad que precisamente en ese proceso de tomar postura ante la realidad socio-política tal cual es, la misma fe se ha ido profundizando, el mismo evangelio ha ido mostrando su riqueza. Sólo quisiera hacer ahora unas breves reflexiones sobre algunos puntos fundamentales de la fe que se han visto enriquecidos por esta encarnación real en el mundo socio-político.
a) Conciencia más clara del pecado
En primer lugar ahora sabemos mejor lo que es el pecado. Sabemos que la ofensa a Dios es la muerte del hombre. Sabemos que el pecado es verdaderamente mortal; pero no sólo por la muerte interna de quien lo comete, sino por la muerte real y objetiva que produce. Recordamos de esa forma el dato profundo de nuestra fe cristiana. Pecado es aquello que dio muerte al Hijo de Dios, y pecado sigue siendo aquello que da muerte a los hijos de Dios.
Esa fundamental verdad de la fe cristiana la vemos a diario en las situaciones de nuestro país. No se puede ofender a Dios sin ofender al hermano. Y la peor ofensa a Dios, el peor de los secularismos es, como ha dicho uno de nuestros teólogos: " el convertir a los hijos de Dios, a los templos del Espíritu Santo, al Cuerpo histórico de Cristo en víctimas de la opresión y de la injusticia, en esclavos de apetencias económicas, en piltrafas de la represión política; el peor de los secularismos es la negación de la gracia por el pecado, es la objetivización de este mundo como presencia operante de los poderes del mal, como presencia visible de la negación de Dios". (P. Ellacuría, Eca n. 353, p. 123).
No es por ello pura rutina que repitamos una vez mis la existencia de estructuras de pecado en nuestro país. Son pecado porque producen los frutos del pecado: la muerte de los salvadoreños, la muerte rápida de la represión o la muerte lenta, pero no menos real, de la opresión estructural. Por ello hemos denunciado la idolatrización que se hace en nuestro país de la riqueza, de la propiedad privada absolutizada en el sistema capitalista, del poder político en los regímenes de seguridad nacional en cuyo nombre se institucionaliza la inseguridad de los individuos (IV Carta Pastoral, nn. 43 - 48).
Por trágico que parezca, la Iglesia ha aprendido en su inserción en el mundo real socio-político a conocer y profundizar en la esencia del pecado. En ese mundo se desvela la más profunda esencia del pecado como la muerte de los salvadoreños.
b) Mayor claridad sobre la encarnación y la redención
En segundo lugar sabemos ahora mejor qué significa la encarnación, qué significa que y Jesús tomó carne realmente humana y que se hizo solidario de sus hermanos en el sufrimiento, en los llantos y quejidos, en la entrega. Sabemos que no se trata directamente de una encarnación universal, que es imposible, sino de una encarnación preferencial y parcial; una encarnación en el mundo de los pobres. Desde ellos podrá la Iglesia ser para todos, podrá también prestar un servicio a los poderosos a través de una pastoral de conversión; pero no a la inversa, como tantas veces ha ocurrido.
El mundo de los pobres con característcas sociales y políticas bien concretas, nos enseña dónde debe encarnarse la Iglesia para evitar la falsa universalización que termina siempre en connivencia con los poderosos. El mundo de los pobres nos enseña cómo ha de ser el amor cristiano, que busca ciertamente la paz, pero desenmascara el falso pacifismo, la resignación y la inactividad; que debe ser ciertamente gratuito pero debe buscar la eficacia histórica. El mundo de los pobres nos enseña que la sublimidad del amor cristiano debe pasar por la imperante necesidad de la justicia para las mayorías y no debe rehuir la lucha honrada. El mundo de los pobres nos enseña que la liberación llegará no sólo cuando los pobres sean puros destinatarios de los beneficios de gobiernos o de la misma Iglesia, sino actores y protagonistas ellos mismos de su lucha y de su liberación desenmascarando así la raíz última de falsos paternalismos aun eclesiales.
Y también el mundo real de los pobres nos enseña de qué se trata en la esperanza cristiana. La Iglesia predica el nuevo cielo y la nueva tierra; sabe además que ninguna configuración socio-política se puede intercambiar con la plenitud final que Dios concede. Pero ha aprendido también que la esperanza trascendente debe mantenerse con los signos de esperanza histórica, aunque sean signos aparentemente tan sencillos como los que proclama el tercer Isaías cuando dice que "construirán su casa y que la habitarán, plantarán viñas y comerán de sus frutos" (Is 65, 21). Que en esto haya una auténtica esperanza cristiana, que no se esté rebajando la esperanza a lo temporal y humano, como se dice a veces despreciativamente, se aprende en el contacto cotidiano de quienes no tienen casa ni viña, de quienes construyeron para que otros habiten y trabajan para que otros coman los frutos.
c) Fe más profunda en Dios y en su Cristo
En tercer lugar la encarnación en lo socio político es el lugar de profundizar en la fe en Dios y su Cristo. Creemos en Jesús que vino a traer vida en plenitud y creemos en un Dios viviente que da vida a los hombres y quiere que los hombres vivan en verdad. Estas radicales verdades de la fe se hacen realmente verdades y verdades radicales cuando la Iglesia se inserta en medio de la vida y de la muerte de su pueblo. Ahí se le presenta a la Iglesia, como a todo hombre, la opción más fundamental para su fe: estar en favor de la vida o de la muerte. Con gran claridad vemos que en esto no hay posible neutralidad. 0 servimos a la vida de los salvadoreños o somos cómplices de su muerte. Y aquí se da la mediación histórica de lo más fundamental de la fe: o creemos en un Dios de vida o servimos a los falsos de la muerte.
En nombre de Jesús queremos y trabajamos naturalmente para una vida en plenitud que no se agota en la satisfacción de las necesidades materiales primarias ni se reduce al ámbito de lo socio-político . Sabemos muy bien que la plenitud de vida se realiza históricamente en el honrado servicio a ese reino y en la entrega total al Padre. Pero vemos con igual claridad que en nombre de Jesús sería una pura ilusión, una ironía y, en el fondo, la más profunda blasfemia, olvidar e ignorar los niveles primarios de la vida, la vida que comienza con el pan, el techo, el trabajo.
Creemos con el apóstol Juan que Jesús es "la palabra de la Vida". (1 Jn 1,1) y que donde hay Vida ahí se manifiesta Dios. Donde el pobre comienza a vivir, donde el pobre comienza a liberarse, donde los hombres son capaces de sentarse alrededor de una mesa común para compartir, allí está el Dios de vida. Por ello cuando la Iglesia se inserta en el mundo socio-político para cooperar a que de é surja vida para los pobres no está alejándose de su misión ni haciendo algo subsidiario, sino que está dando testimonio de su fe en Dios, está siendo instrumento del Espíritu, Señor y dador de vida.
Esta fe en el Dios es lo que explica lo más profundo del misterio cristiano. Para dar vida a los pobres hay que dar de la propia vida y aún la propia vida. La mayor muestra de la fe en un Dios de vida es el testimonio de quien está dispuesto a dar su vida. "Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por el hermano" (Jn 15,13). Y esto es lo que vemos a diario en nuestro país.
Muchos salvadoreños y muchos cristianos están dispuestas a dar su vida para que haya vida para los pobres. Ahí están siguiendo a Jesús y mostrando su fe en él. Insertos como Jesús en el mundo real, amenazados y acusados como él, dando la vida como él están testimoniando la Palabra de la Vida.
Nuestra historia es, pues, antigua. Es la historia de Jesús que intentamos proseguir modestamente. Como Iglesia no somos expertos en política ni queremos manejar la política desde sus mecanismos propios. Pero la inserción en el mundo socio-político, en el mundo en que se juega la vida y la muerte de las mayorías, es necesaria y urgente para que podamos mantener de verdad y no sólo de palabra la fe en un Dios de vida y el seguimiento de Jesús.
Conclusión: Opción por los pobres: orientación de nuestra fe en medio de la política
Para terminar quisiera resumir lo central de lo expuesto hasta ahora. En la vida eclesial de nuestra Arquidiócesis la dimensión política de la fe, o si se quiere, la relación ente fe y política, no se ha ido descubriendo a partir de reflexiones puramente teóricas y previas a la misma vida eclesial. Naturalmente que tales reflexiones son importantes, pero no decisivas. Estas reflexiones se hacen importantes y decisivas cuando recogen de verdad la vida real de la Iglesia. Hoy, el honor de expresar en este ambiente universitario mi experiencia pastoral me ha obligado a hacer esta reflexión teológica. La dimensión política de la fe se descubre y se la descubre correctamente más bien en una práctica concreta al servicio de los pobres. En esa práctica se descubre su mutua relación y su diferenciación. La fe es la que impulsa en un primer momento a encarnarse en el mundo socio-político de los pobres y a animar los procesos liberadores, que son también socio-políticos. Y esa encarnación y esa praxis a su vez concretizan los elementos fundamentales de la fe.
En lo que hemos expuesto aquí hemos delineado sólo los grandes rasgos de ese doble movimiento. Quedan naturalmente muchos temas por tratar. Se podría haber hablado de la relación de la fe con las ideologías políticas, en concreto con el marxismo. Se podría haber mencionado el tema candente entre nosotros de la violencia y su legitimidad. Esos tomas son objeto constante de reflexión ente nosotros, y los enfrentamos en la medida en que se van haciendo problemas reales, y aprendemos a dar una solución dentro del mismo proceso.
En el breve tiempo que me ha tocado estar dirigiendo la Arquidiócesis han pasado ya cuatro gobiernos diferentes con diversos proyectos políticos. También las otras fuerzas políticas, revolucionarias y democráticas han crecido y evolucionado en estos años. La Iglesia por lo tanto ha tenido que ir juzgando de lo político desde dentro de un proceso cambiante. En el momento actual el panorama es ambiguo, pues por una parte están fracasando todos los proyectos provenientes del Gobierno. mientras Que está creciendo la posibilidad de una liberación popular.
Pero en lugar de detallarles todos los vaivenes de la política en mi país he preferido explicarles las raíces profundas de la actuación de la Iglesia en este mundo explosivo de lo socio-político. Y he pretendido esclarecerles el último criterio, que es teológico e histórico, para la actuación de la Iglesia en este campo: el mundo de los pobres. Según les vaya a ellos, al pueblo pobre, la Iglesia irá apoyando desde su especificidad uno u otro proyecto político.
Creemos que ésta es la forma de mantener la identidad y la misma trascendencia de la Iglesia. Insertarnos en el proceso socio-político real de nuestro pueblo, juzgar de él desde el pueblo pobre e impulsar todos los movimientos de liberación que conduzcan realmente a la justicia de las mayorías y a la paz para las mayorías. Y creemos que ésta es la forma de mantener la trascendencia e identidad de la Iglesia porque de esta forma mantenemos la fe en Dios.
Los antiguos cristianos decían: "Gloria Dei, vivens homo", (la gloria de Dios es el hombre que viva). Nosotros podríamos concretar esto diciendo: "Gloria Dei, vivens pauper". (La gloria de Dios es el pobre que viva). Creemos que desde la trascendencia del evangelio podemos juzgar en qué consiste en verdad la vida de los pobres; y creemos también que poniéndose del lado del pobre e intentando darle vida sabremos en qué consiste, la eterna verdad del evangelio.
domingo 15 de marzo de 2009
Cuando la ESPERANZA vence al miedo
sábado 14 de marzo de 2009
¿HASTA CUÁNDO? PAREN LOS ASESINATOS DE MOTORISTAS Y COBRADORES
El primer hecho ocurrió en enero cuando dos hombres que viajaban en la unidad pidieron el dinero al motorista y luego le dispararon, el cobrador trató de fugarse, pero fue alcanzado por los delincuentes y le dispararon.
El otro hecho se registra cuando el bus viajaba desde San Salvador hacia San Vicente, a la altura de Jardines de Selsut, los delincuentes dispararon al motorista e hirieron de gravedad al cobrador de la unidad. El motorista murió de inmediato y el cobrador fue trasladado al Hospital Rosales.
Un hecho más se registra cuando un bus urbano de la ruta 72, que hace su recorrido en San Vicente, fue aparentemente asaltado por varios sujetos y luego de intimidarlos, dispararon al motorista, el cobrador corrió y no pudo ser alcanzado por los asaltantes.
Estos hechos tienen preocupada a la población vicentina, pues la ciudad ha estado libre de maras y es una de las cabeceras más tranquilas de El Salvador. Por ahora se espera que las autoridades policiales den con el paradero de los delincuentes, ya que los motoristas y cobradores de las diferentes rutas urbanos e interdepartamental están preocupados por la ola de delincuencia que ha proliferado en la ciudad.
Según información no confirmada por las autoridades policiales, los mareros han pedido por lo menos un mil dólares a los empresarios de buses para no seguir con los asesinatos de motoristas y cobradores.
martes 10 de marzo de 2009
Los derechos de autor de Ávila

jueves 5 de marzo de 2009
Viejos cuentos de miedo siguen vigentes

Raúl Gutiérrez
Revista CONTRAPUNTO
Treinta y dos años después, Mauricio Funes, el Frente Farabundo Martí para Liberación Nacional (Fmln) y una alianza circunstancial variopinta, tienen como en aquélla década una “posibilidad real” de ganar el Ejecutivo el próximo 15 de marzo.
Aún cuando las circunstancias históricas son distintas y las últimas cartas todavía no han sido descubiertas, no es antojadizo hacer una comparación entre aquellos comicios y los de la víspera. El tiempo le ha dado a la izquierda otra vez la oportunidad de pararse en el umbral de la puerta de la historia, que lo podría conducir a controlar el Ejecutivo. En aquellas fechas, el 72 y 77, se cruzó el umbral con los votos de la gente, pero los militares y la oligarquía la sacaron a patadas.
Tiempos de conciliación
Antonio Morales Erlich, candidato a la vicepresidencia por la UNO en 1977, está convencido de que la derecha les robó la victoria en las dos ocasiones.
“A Napoleón Duarte lo despojaron de la presidencia en 1972”. Él (y Manuel Ungo, candidato a la vicepresidencia) había ganado por 25.000 votos, reclama Erlich, en unas elecciones en las que estaban registrados un poco más de un millón de votantes.
El historiador Knut Walter en la publicación del Banco Agrícola, El Salvador: La república, 2000, describe:
“Por la tarde del día de las elecciones, el CCE anunció la victoria del coronel Molina con 314,448 votos sobre 292,621 de Duarte. Pero el candidato opositor mostró cifras recopiladas por la UNO que lo situaban a él a la cabeza con 326,968 votos sobre 317,535 del Partido de Conciliación Nacional, PCN”.
Al día siguiente, la Junta Electoral Departamental de San Salvador ofreció resultados que causaron un gran revuelo, porque los votos que recibió Duarte en San Salvador resultaban ser muchos más que los que había anunciado el CCE el día anterior.
Incluso, la diferencia de los resultados del departamento de San Salvador parecía darle el gane a Duarte a nivel nacional. Sin embargo, el CCE se empecinó en que sus resultados eran válidos y que Molina había recibido más votos que Duarte, más no la mayoría, por lo que la elección del próximo presidente tendría que efectuarla la Asamblea Legislativa, donde el PCN contaba con más que suficientes diputados para imponer su voluntad.
Duarte habría sido escogido por su carisma, estilo populista y su éxito como alcalde de San Salvador; era bien visto en otras ciudades importantes del país y tendría eco en las zonas rurales, despertando grandes expectativas entre el electorado, argumenta Walter.
En el relato de Erlich sobre los acontecimientos de esos años, salpican muy a menudo los vocablos picardía, fraude y represión. Él narra que el PCN, al darse cuenta de que habían perdido las elecciones del 20 de febrero de 1972, alteró las actas electorales y utilizando el control que ostentaba sobre todo el aparato estatal, incluyendo el desaparecido Consejo Central de Elecciones (CCE), hoy Tribunal Supremo Electoral, TSE, se declaró ganador y punto.
Ahí no valían los resultados genuinos, ni reclamos ni denuncias. Y como las protestan continuaron, la dictadura militar en ese entonces encabezada por el presidente y general Fidel Sánchez Hernández acalló cualquier voz y exilió a Duarte y otros dirigentes de la oposición. El resultado: el candidato por el PCN, coronel Arturo Armando Molina –padre del actual ministro de Defensa-, fue declarado presidente legítimo.
Las elecciones legislativas y municipales de 1972, 1974 y 1976, también fueron marcadas por irregularidades, el chantaje, campañas de miedo por la “amenaza comunista” y la represión.
“La Democracia Cristiana siempre ha estado al lado del comunismo; si ganan se van a eliminar la libertad de prensa y la iniciativa privada”, era uno de los titulares del ultra conservador El Diario de Hoy, recuerda Erlich.
Operación tamal
Para los comicios presidenciales de febrero de 1977, la UNO, integrada por el Partido Demócrata Cristiano (PDC), el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR) y la Unión Demócrata Nacionalista (UDN), decidió dar un giro a su estrategia electoral y “jugar en la misma cancha y con los mismos jugadores” que la derecha, narra Erlich, en referencia a que postularon como candidato a la presidencia al coronel Ernesto Claramount.
“Claramount se ganó un lugar en la historia de El Salvador; estoy seguro que también ganamos las elecciones de febrero de 1977”, insiste el ex alcalde de San Salvador y miembro prominente del gobierno de Duarte entre 1984 y 1989.
Él cita, como ejemplo del triunfo, que en el municipio de Mejicanos, la UNO había ganado con 18.000 votos sobre 6.000 del PCN.
“Eso fue antes de que la extinta Guardia Nacional (GN), sacara a nuestros representantes a punto de fusil del centro de votaciones, incluyendo a mi hermano que era presidente la junta receptora de votos. Seguido representantes del PCN y personeros del CCE ‘elaboraron’ nuevas actas y se autodenominaron ganadores”, rememora el ex dirigente democristiano.
A ese fraude el PCN le denominó “Operación tamal”. Consistía en el relleno de urnas con votos a favor del PCN marcados con anterioridad al día de las elecciones y que luego eran depositadas por grupos de personas que llegaban a los centros de votación con las papeletas bajo su ropa y las depositaban en grandes cantidades.
La noche del 28 de febrero, y tras varios días de protesta por el fraude, el gobierno reprimió a los manifestantes concentrados en la plaza Libertad, lo que dejó varios opositores muertos y la desaparición y exilio de cientos de líderes políticos, obreros y estudiantiles. La historia se volvió a escribir a favor del poder oligárquico.
“El PCN fue y sigue siendo especialista en fraudes”, resume Erlich, que durante varios años vivió en el exilio en Costa Rica.
Según sociólogos e historiadores, esos acontecimientos cerraron la vía electoral como forma de alternancia en el gobierno y se convirtieron en uno de los detonantes de la guerra civil entre 1980 y 1992.
Hoy día, como en esos años, los nuevos grupos de poder –respaldados por la mayoría de medios de comunicación— se aferran al poder y se oponen obstinadamente a la alternancia política, uno de los ejes vitales del juego democrático establecido en los Acuerdos de Paz, firmados por el ex presidente Alfredo Cristiani.
Hoy en día, ya no hay maniobras burdas como la Operación Tamal, pero los grupos de poder echan mano de todas la argucias habidas y por haber, incluida la guerra sicológica, para negar la alternancia.
Esos mismos sectores han desplegado una campaña sucia “atroz y denigrante” –como lo han denominado observadores internacional— contra los candidatos opositores a quienes acusan de haber asesinado y querer entregar el país a Cuba y Venezuela, tratando de ignorar que el pacto de paz de enero de 1992 concedió derechos plenos para aspirar a cargos públicos, incluyendo la vicepresidencia.
Una vieja fábula
Roberto Turcios, catedrático e historiador, en una de sus columnas publicadas en La Prensa Gráfica (LPG) de fines de febrero, señaló que cuando los grupos en el poder enfrentan desafíos opositores aumentan los argumentos anticomunistas y que a lo largo de medio siglo han lanzado ese discurso, a menudo complementado con referencias a conspiraciones preparadas desde el exterior.
“Elecciones, golpes de Estado o debates fundamentales han transcurrido bajo los signos del fervor anticomunista y la justificación del grupo en el poder como única garantía de estabilidad”, asegura Turcios.
Y agrega que en marzo de 1951, “el presidente Osorio denunció una conspiración contra su gobierno, en la que participaban aquellos que perteneciendo a organizaciones internacionales pretenden establecer en El Salvador un Estado comunista. En la elección de 1956, el candidato oficialista, cuando cerraba su campaña, declaró que la contienda tenía una importancia excepcional: La salvación o la destrucción definitiva de la república.
Y más en el último tiempo, cuando el anticomunismo y la intolerancia tienden a aparecer como los únicos metros para medir a la patria, entonces el poder no necesita más, porque se ve como gran jefe y señor de la estabilidad excluyente, finaliza Turcios.
Esa falta de cultura política de la clase dominante, ahora representada en Arena, se expresa en la campaña sucia en los medios de difusión, la complicidad de muchos de éstos con esa visión anacrónica de país, la participación del presidente Antonio Saca y otros funcionarios (prohibido por ley) en actos proselitistas, y las irregularidades que han caracterizado a todo el proceso electoral.
martes 3 de marzo de 2009

REDACCION TEHUACAN
Carece de sentido votar por un candidato que ha sido jefe de la policia por dos veces y cuyo mandato no ha hecho, sino aumentar los porcentajes de violencia en El Salvador.
Votar por Mauricio significa, como en tiempos de la guerra civil, superar el miedo a la violencia y adentrarse por los caminos de la paz.
Se puede y se debe intentar.
Es la economía… y la inseguridad
Del periodico El Faro (Editorial)
No se trata de fábricas de empleos ni ferias del empleo. Más allá de la demagogia, los candidatos a la presidencia de la República han dejado de lado la discusión a fondo sobre los dos principales problemas del país: la economía y la inseguridad.
El Salvador enfrenta ya el golpe de la crisis económica mundial con una situación precaria. Antes de que la crisis se declarara en Estados Unidos, los informes para El Salvador consignaban ya que sólo uno de cada cinco salvadoreños tenía un empleo digno y que los índices de pobreza habían retrocedido ya por debajo de los que recibió el presidente Saca cuando asumió el poder.
Ahora la situación es aún más grave. El Estado no tiene liquidez suficiente para cubrir los subsidios y el sector privado está en apuros, con el consecuente despido de miles de empleados formales. Un reciente informe de la calificadora de riesgos Fitch Ratings advierte que, independientemente de quién gane las elecciones de marzo, el país sólo podrá salir de la crisis con un acuerdo nacional en el que las dos principales fuerzas políticas sean parte esencial. Sus previsiones para el cierre de este año no auguran crecimiento económico, igual que J.P.Morgan, que predice un decrecimiento de medio punto en la economía nacional. Con las remesas y las exportaciones en declive, la crisis requiere de reformas a fondo y políticas que cuenten con la participación y la intervención de todos los sectores.
En materia de seguridad pública, mientras el aparato del Estado parece volcado a la campaña presidencial del partido de gobierno, los homicidios se han elevado nuevamente y el narcotráfico y el crimen organizado amenazan ya con instalarse en El Salvador. No han funcionado las políticas de seguridad pública de los últimos gobiernos, y los salvadoreños seguimos expuestos a asaltos, extorsiones, amenazas y asesinatos. Para combatir esto, también, se requiere de políticas de Estado y no de partido. De grandes acuerdos con la participación activa de los tres poderes y de todos los líderes políticos. Es urgente.
Lamentablemente, las campañas presidenciales parecen ir en sentido contrario. Lejos de llamar a la unidad y de convocar al país entero, han acentuado sus diferencias y se posicionan como representantes de la mitad de los salvadoreños.
En estas circunstancias, un debate directo entre los dos candidatos presidenciales podría darnos más luz a los salvadoreños sobre sus propuestas para hacer frente a esta crisis. El debate de sus ideas y la profundización de sus planes serían puestos a prueba por ellos mismos de cara a la nación. Lamentablemente no habrá tal cosa. La negativa del candidato arenero a presentarse frente a su rival ha impedido que los salvadoreños podamos contar con ello.
Ahora, a dos semanas de una elección sin precedentes, hacemos un llamado a los dos candidatos a que aborden estos, que son nuestros principales problemas. Si pretenden dirigir los destinos del país, ya es hora de que comiencen a hablar justamente de este país y de que nos digan cómo enfrentarán nuestra realidad a partir del 1 de junio, cuando uno de ellos tome posesión.

