

El monumento más valioso de San Vicente es, sin lugar a dudas, la Basílica del Pilar, por su valor histórico, en la línea de aquello que la Doctora Matilde Elena López llama "La balada de Anastasio Aquino" y como vestigio de una expresión religiosa que un día vivió este pueblo.
La nueva religiosidad -porque está lejos de ser fe- la expresa el adefecio construído a la par de la Basílica: "Vino viejo, hermoso, maravilloso... vino nuevo, nefasto, de mal gusto... la torpeza no tiene ni límites, ni ética".